Para Laura, y para tod@s: the fundamental things apply.
miércoles, 29 de abril de 2009
lunes, 27 de abril de 2009
no puede ser, no puede ser
Después de toda una vida perfeccionando un estalinismo cada vez más rudo, voy un día a la farmacia, y la farmacéutica me diagnostica una cosa de nombre FASCITIS.
-¿Fascitis?
-Fascitis
-No puede ser...
-Es. Y plantar...
-¿Seguro que no es stajanovitis? ¿koljovitis plantar?
-Nada. Fatiga por deambulación prolongada.
-¡Arrea! -y ya metidos en harina- Y bueno ¿qué pronostico me tiene eso? Porque ahora ya en elecciones europeas...
-Voltarén. Tú te pones voltarén como para una boda y mucha tele, eso sí. ¿Tienes mando?
-¡Hombre, no me jodas! ¡¡Ni que estuvieramos todavía con el papel de elefante...!!
-Bueno, bueno...
Estalinista más o menos, decidí ir a la farmacia a mirarme porque sabe todo el mundo que la verdad clínica en el capitalismo fordista y postfordista se encuentra donde se encuentra, o sea, en la famacia debajo de casa. Las cosas como son. Pero el diagnóstico era desolador. Fascitis. En medio del descuensuelo y la agitación existencial, arrastré mi pie hasta la consulta del segundo oráculo de mi barrio: la fisioterapeuta.
Cuando salí de la fisio la vida tenía otro color. Ya era lunes. La tele me había sentado bien. Laura me había sentado bien. Me volvieron a vendar el pie y fui paseando hasta casa, donde esperaba Arguiñano Dos Mitades preparando la cena. Y cuando ya me las prometía muy felices...
-¡Ay! ¡ay! -unos golpes sonaban detrás de la puerta de la cocina.
-¿Lou? -un olor delicioso invadía la casa.
-¡Ay! ¡ay! Bffffffffff, joder, joder... -las sombras se sucedían vertiginosamente por la rendija de la puerta.
Abrí la puerta con cuidado.
-¿Fascitis?
-Fascitis
-No puede ser...
-Es. Y plantar...
-¿Seguro que no es stajanovitis? ¿koljovitis plantar?
-Nada. Fatiga por deambulación prolongada.
-¡Arrea! -y ya metidos en harina- Y bueno ¿qué pronostico me tiene eso? Porque ahora ya en elecciones europeas...
-Voltarén. Tú te pones voltarén como para una boda y mucha tele, eso sí. ¿Tienes mando?
-¡Hombre, no me jodas! ¡¡Ni que estuvieramos todavía con el papel de elefante...!!
-Bueno, bueno...
Estalinista más o menos, decidí ir a la farmacia a mirarme porque sabe todo el mundo que la verdad clínica en el capitalismo fordista y postfordista se encuentra donde se encuentra, o sea, en la famacia debajo de casa. Las cosas como son. Pero el diagnóstico era desolador. Fascitis. En medio del descuensuelo y la agitación existencial, arrastré mi pie hasta la consulta del segundo oráculo de mi barrio: la fisioterapeuta.
Cuando salí de la fisio la vida tenía otro color. Ya era lunes. La tele me había sentado bien. Laura me había sentado bien. Me volvieron a vendar el pie y fui paseando hasta casa, donde esperaba Arguiñano Dos Mitades preparando la cena. Y cuando ya me las prometía muy felices...
-¡Ay! ¡ay! -unos golpes sonaban detrás de la puerta de la cocina.
-¿Lou? -un olor delicioso invadía la casa.
-¡Ay! ¡ay! Bffffffffff, joder, joder... -las sombras se sucedían vertiginosamente por la rendija de la puerta.
Abrí la puerta con cuidado.
¡¡EL EJE DEL MAL HABÍA ATACADO LA COCINA!!
Dos Mi se defendía con dificultad de unas gambas crudas. Aquellas malditas amarillas no dejaban de disparar. Se abatieron contra el escurridor. El escurridor quedó destrozado. En cuestión de segundos echaron abajo la cazuela en la que se apoyaba el escurridor. La cazuela rodaba por el fondo del fregadero. Las malditas seguían dentro del escurridor, que permanecía de pie, a salvo. Tuve un segundo para observar el frente de los calabacines. Columnas de humo ascendían desde su posición. Otros, crudos, esperaban órdenes en formación sobre la encimera, pero las gambas nos sorprendieron por la espalda. Se bombardearon a sí mismas contra los calabacines asartenados. Pearl Harbour.-¡¡Aaaaaaarrgghh!! -el fuego cruzado hirió a Lou.
-¡¡Tranquilo cariño!!
-¡¡La he cagado!! ¡¡La he cagado!!
-¡¡No pierdas la calma, cari!!
-¡¡Aaaaaargghh!
-¡¡Los tallarines!! ¡¡Los tallarines siguen vivos!!
-¡¡Están sosos!! ¡¡Se han quedado duros!!
-¡¡Nooo!! ¡¡Pruébalos!! ¡¡Pruébalos!!
-¡Oh, dios! ¡Oh, mierda! ¡joder!
-¡¡Cariño, cojones, que los tallarines están de puta madre!!
-¡¡Las gambas!! ¡¡Se van a deshacer!!
-¡¡Vamos!! -Y nos lanzamos contra la sartén.
Sofocamos los rescoldos con medio pisto muerto de risa que había por la nevera. Rezamos una oración por un pequeño comando que descubrí en la basura, también de gambas, tan jóvenes, tan frescas, caídas justo cuando se acaba la oferta en La Sirena...
Sobró una racioncita para mañana.
Delicious.
Hala, me voy a fregar...
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Los siete males
sábado, 25 de abril de 2009
Bloody Mony, nostalgia, coleccionismo
Me estaba durmiendo sobre la mesa... la verdad... en uno de esos ratos en los que el cansancio de la semana, robustecido por los bloody mary del Fridays, se acumula suave pero pesadamente sobre los párpad... zzzz...
Cuando oigo unas voces...
-Si, sí, vamos...
-No te rías, venga, dí lo que piensas!!
Algo en mi instinto durmiente supo que debía despertar, algo no iba bien...
-Pues nada, hombre, que creo a lo largo de toda la noche... habeis estado una hora entera hablando del papel Elefante...
Definitivamente algo no iba bien. El silencio se hizo atronador. Iko miraba al suelo. A Pep se le cuajó la guasa en una mueca indescifrable. Yo me despertaba con una sensación desapacible. Clear miraba al suelo también. Sólo Javi parecía saber lo que estaba ocurriendo.
-Pero vamos -continuó la voz- que si tú crees que sois muy jóvenes, pues nada, lo sereis...
Al cabo de unos segundos se oyó a Clear susurrar:
-Nostalgia y Coleccionismo...
Ahora eran Javi y Lidia los que noooooooooo...
-Nostalgia y Coleccionismo -dijo Iko, con tristeza.
-A favor -dijo Clear resignada.
-Fatal -sólo pude decir.
"Nostalgia y coleccionismo" eran, según el oráculo de la albañilería de reformas, los grandes males de la postmodernidad entrada en carnes. Y nosotros llevábamos una hora hablando del papel de Elefante, que sin duda es la mayor humillación que nos podemos hacer a nosotros mismos... antes de desfilar ciega e inexorablemente hacia el abismo de las colecciones, y toda otra clase de diletantismos deshumanizantes...
Diossss... con lo bien que había empezado todo, venga margaritas, venga bloody marys, happy hour, los teléfonos, las risas...
Por favor:
Cuando oigo unas voces...
-Si, sí, vamos...
-No te rías, venga, dí lo que piensas!!
Algo en mi instinto durmiente supo que debía despertar, algo no iba bien...
-Pues nada, hombre, que creo a lo largo de toda la noche... habeis estado una hora entera hablando del papel Elefante...
Definitivamente algo no iba bien. El silencio se hizo atronador. Iko miraba al suelo. A Pep se le cuajó la guasa en una mueca indescifrable. Yo me despertaba con una sensación desapacible. Clear miraba al suelo también. Sólo Javi parecía saber lo que estaba ocurriendo.
-Pero vamos -continuó la voz- que si tú crees que sois muy jóvenes, pues nada, lo sereis...
Al cabo de unos segundos se oyó a Clear susurrar:
-Nostalgia y Coleccionismo...
Ahora eran Javi y Lidia los que noooooooooo...
-Nostalgia y Coleccionismo -dijo Iko, con tristeza.
-A favor -dijo Clear resignada.
-Fatal -sólo pude decir.
"Nostalgia y coleccionismo" eran, según el oráculo de la albañilería de reformas, los grandes males de la postmodernidad entrada en carnes. Y nosotros llevábamos una hora hablando del papel de Elefante, que sin duda es la mayor humillación que nos podemos hacer a nosotros mismos... antes de desfilar ciega e inexorablemente hacia el abismo de las colecciones, y toda otra clase de diletantismos deshumanizantes...
Diossss... con lo bien que había empezado todo, venga margaritas, venga bloody marys, happy hour, los teléfonos, las risas...
Por favor:
no volvamos a hablar del papel de elefante, ni de las cacharras de la leche, ni de las cajas de arenques apestando en... el ¡ultramarinoooooos! (qué es esooooooooooooooo?)
diosssssss...
noooooooooo...
Me voy a encerrar en casa hasta que vuelva Lou...
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No paro en casa
lunes, 20 de abril de 2009
¿Pero habeis vuelto al Auditorio...?
Con dos cjns 33, el sábado regresamos al Auditorio Nacional. Esta vez llegamos a la hora. Y alguien tuvo el buen juicio de hacernos sentar en las butacas de al lado del pasillo... Lo único chocante fue que luego tuvimos una conversación muy rara...
-Cariño, ya te he dicho que a mi Schostakovitz... noooo...
-Ya cariño, pero ¿has escuchado al solista que... bla, bla, bla, bla...?
-Sí cariño, pero el cuarto tiempo sobraba... con respeto y cariño, sobraba enterito...
-Bueno, bueno... ¿Y Prokovief?
-Ein?
-Qué bueeeeno el pianista ese, eh?
-Hmm...
Esto para compensar... aunque que conste que le estoy cogiendo un poco de manía a estos...
-Cariño, ya te he dicho que a mi Schostakovitz... noooo...
-Ya cariño, pero ¿has escuchado al solista que... bla, bla, bla, bla...?
-Sí cariño, pero el cuarto tiempo sobraba... con respeto y cariño, sobraba enterito...
-Bueno, bueno... ¿Y Prokovief?
-Ein?
-Qué bueeeeno el pianista ese, eh?
-Hmm...
Esto para compensar... aunque que conste que le estoy cogiendo un poco de manía a estos...
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No paro en casa
jueves, 16 de abril de 2009
En el Auditorio con Lou
¿Por dónde iba?
Ah, sí.... que después de comer en el despacho, y luchar contra las fieras toda la tarde (en este circo), Dos Mitades, de nombre Lou, me había invitado al Auditorio Nacional a escuchar no sé qué cosas de Malher. Y naturalmente llegamos tarde...
El acomodador nos miraba como si le escociesen los párpados al hacerlo. De soslayo. Lo justo para saber dónde resoplaban los bultos de nuestras existencias. Como yo he renunciado a llevar lentillas de mi talla, había confiado en Lou toda la actividad visual, desplazamientos espaciales incluídos. Así que Lou Dos Mitades seguía al acomodador, agazapado. O sea, agazapado Lou. El acomodador medía lo de un armario de cuatro puertas de alto y ancho, preferiblemente empotrado. Y todo lo que podía hacerse a su lado era recibir la sombra imponente de su mismo ser. O sea, agazaparse. Así que noté que algo raro pasaba cuando Lou, detenido enfrente de semejante masa corporal se quedó quieto, agachó la cabeza, la volvió a levantar, la lagachó otra vez, miró las entradas que llevaba en la mano, miró las butacas del palco frontal (donde estábamos), volvió a mirar a Mr. FourDoors... Y echó a andar, sin decir ni muge, derechito por donde le dio la gana, sin hacer ni puto caso al acomodador.
-¿Ein? -pensé yo, en uno de esos estados de meditación profunda y compleja.
Y mientras el acomodador se daba la vuelta para siempre y pasaba de nuestros culos, uno en dirección desconocida entre las butacas, y el otro todavía en el pasillo (extasiado en el paisaje evanescente del astigmatismo)... veo unas largas (y fermosas) piernas que saltan en mitad del palco, moviendo los brazos para no caerse, con su cazadora, su bolso, todo por los aires...
-¿Pero qué rayos...? -Dije un momento antes de comprenderlo todo...
-Argh!! -Dijo la voz de un cuerpo borroso a mi lado...
Y comprendí. Y sonreí. Y sentí el suelo del pasillo firme bajo mis pies, con sus perfiles inciertos, y dije en voz alta a los cuerpos borrosos, espalda erguida, distancia corporal, sonrisa amplia:
-¿Me disculpa? Si es tan amable...
-Sí, cómo no -dijo la voz-, es que acabo de ver unas piernas por encima de mi cabeza...
Y sonreí más. Sonreí con firmeza mientras pasaba de largo entre las patejas arrugadas de la voz, pensando para mis adentros... "sí, amigo, precisamente voy a por esas piernas".
El concierto bien, gracias.
Hay quien ha escuchado bandas de jazz más coordinadas, parece, pero yo ni idea...
Ah, sí.... que después de comer en el despacho, y luchar contra las fieras toda la tarde (en este circo), Dos Mitades, de nombre Lou, me había invitado al Auditorio Nacional a escuchar no sé qué cosas de Malher. Y naturalmente llegamos tarde...
El acomodador nos miraba como si le escociesen los párpados al hacerlo. De soslayo. Lo justo para saber dónde resoplaban los bultos de nuestras existencias. Como yo he renunciado a llevar lentillas de mi talla, había confiado en Lou toda la actividad visual, desplazamientos espaciales incluídos. Así que Lou Dos Mitades seguía al acomodador, agazapado. O sea, agazapado Lou. El acomodador medía lo de un armario de cuatro puertas de alto y ancho, preferiblemente empotrado. Y todo lo que podía hacerse a su lado era recibir la sombra imponente de su mismo ser. O sea, agazaparse. Así que noté que algo raro pasaba cuando Lou, detenido enfrente de semejante masa corporal se quedó quieto, agachó la cabeza, la volvió a levantar, la lagachó otra vez, miró las entradas que llevaba en la mano, miró las butacas del palco frontal (donde estábamos), volvió a mirar a Mr. FourDoors... Y echó a andar, sin decir ni muge, derechito por donde le dio la gana, sin hacer ni puto caso al acomodador.
-¿Ein? -pensé yo, en uno de esos estados de meditación profunda y compleja.
Y mientras el acomodador se daba la vuelta para siempre y pasaba de nuestros culos, uno en dirección desconocida entre las butacas, y el otro todavía en el pasillo (extasiado en el paisaje evanescente del astigmatismo)... veo unas largas (y fermosas) piernas que saltan en mitad del palco, moviendo los brazos para no caerse, con su cazadora, su bolso, todo por los aires...
-¿Pero qué rayos...? -Dije un momento antes de comprenderlo todo...
-Argh!! -Dijo la voz de un cuerpo borroso a mi lado...
Y comprendí. Y sonreí. Y sentí el suelo del pasillo firme bajo mis pies, con sus perfiles inciertos, y dije en voz alta a los cuerpos borrosos, espalda erguida, distancia corporal, sonrisa amplia:
-¿Me disculpa? Si es tan amable...
-Sí, cómo no -dijo la voz-, es que acabo de ver unas piernas por encima de mi cabeza...
Y sonreí más. Sonreí con firmeza mientras pasaba de largo entre las patejas arrugadas de la voz, pensando para mis adentros... "sí, amigo, precisamente voy a por esas piernas".
El concierto bien, gracias.
Hay quien ha escuchado bandas de jazz más coordinadas, parece, pero yo ni idea...
[-¿No tenía que haber saltado por ahí, no?]
[-Hmm... no importa cariño, tú salta por donde quieras ¡¡guapo!!]
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