jueves, 16 de abril de 2009

En el Auditorio con Lou

¿Por dónde iba?
Ah, sí.... que después de comer en el despacho, y luchar contra las fieras toda la tarde (en este circo), Dos Mitades, de nombre Lou, me había invitado al Auditorio Nacional a escuchar no sé qué cosas de Malher. Y naturalmente llegamos tarde...

El acomodador nos miraba como si le escociesen los párpados al hacerlo. De soslayo. Lo justo para saber dónde resoplaban los bultos de nuestras existencias. Como yo he renunciado a llevar lentillas de mi talla, había confiado en Lou toda la actividad visual, desplazamientos espaciales incluídos. Así que Lou Dos Mitades seguía al acomodador, agazapado. O sea, agazapado Lou. El acomodador medía lo de un armario de cuatro puertas de alto y ancho, preferiblemente empotrado. Y todo lo que podía hacerse a su lado era recibir la sombra imponente de su mismo ser. O sea, agazaparse. Así que noté que algo raro pasaba cuando Lou, detenido enfrente de semejante masa corporal se quedó quieto, agachó la cabeza, la volvió a levantar, la lagachó otra vez, miró las entradas que llevaba en la mano, miró las butacas del palco frontal (donde estábamos), volvió a mirar a Mr. FourDoors... Y echó a andar, sin decir ni muge, derechito por donde le dio la gana, sin hacer ni puto caso al acomodador.
-¿Ein? -pensé yo, en uno de esos estados de meditación profunda y compleja.
Y mientras el acomodador se daba la vuelta para siempre y pasaba de nuestros culos, uno en dirección desconocida entre las butacas, y el otro todavía en el pasillo (extasiado en el paisaje evanescente del astigmatismo)... veo unas largas (y fermosas) piernas que saltan en mitad del palco, moviendo los brazos para no caerse, con su cazadora, su bolso, todo por los aires...
-¿Pero qué rayos...? -Dije un momento antes de comprenderlo todo...
-Argh!! -Dijo la voz de un cuerpo borroso a mi lado...
Y comprendí. Y sonreí. Y sentí el suelo del pasillo firme bajo mis pies, con sus perfiles inciertos, y dije en voz alta a los cuerpos borrosos, espalda erguida, distancia corporal, sonrisa amplia:
-¿Me disculpa? Si es tan amable...
-Sí, cómo no -dijo la voz-, es que acabo de ver unas piernas por encima de mi cabeza...
Y sonreí más. Sonreí con firmeza mientras pasaba de largo entre las patejas arrugadas de la voz, pensando para mis adentros... "sí, amigo, precisamente voy a por esas piernas".

El concierto bien, gracias.
Hay quien ha escuchado bandas de jazz más coordinadas, parece, pero yo ni idea...

[-¿No tenía que haber saltado por ahí, no?]
[-Hmm... no importa cariño, tú salta por donde quieras ¡¡guapo!!]

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