miércoles, 24 de junio de 2009

Corrigiendo...

Es bien sabido en Occidente que una de las tradiciones universitarias más extendidas en época de exámenes es tener la nevera, los cristales de las ventanas, las esquinas imposibles, y lo blanco de la junta de las baldosas... limmmmmpio como los chorros del oro. De hecho, es una tradición que arraiga en el colegio ya, coincidiendo con toda precisión los exámenes, con la época en la que los pequeños aprenden (repentina y febrilmente) a cambiar las sábanas de la cama, ordenar las habitaciones, colocar los frascos del baño en orden por tamaños, etc.

Pensaba yo (mira qué tontuna) que cambiando al menos de rol en el sistema educativo, estas cosas se te pasaban. Pero no. Resulta que cuantos más folios de examen se te acumulan en lo alto la mesa más molesto resulta tener la ropa tirada, las manchitas en el espejo del pasillo, los cables llenos de polvo... antes disimulados sobre el rodapiés, y ahora convertidos en una visión obscena e insufrible que te asalta nada más sentarte en la mesa y contemplar siquiera fugazmente el montón de caligrafías retorcidas que te esperan. Como os lo cuento.

Lo más interesante del caso, sin embargo, no es que la casa esté limpia. No, no. Lo más interesante es que se establece un contraste enloquecido entre el refulgente brillo del interior de los armarios, pongamos por caso, y el estado lamentable del resto. Porque, naturalmente, estás desarmando la casa pieza a pieza, con el fanático fin de exterminar la mierda de la rosca de un tornillo concreto, que ese día, a esa hora, se ha convertido en la cruzada de tu vida. Y los exámenes en lo alto la mesa, malencaraos, esperando.

Con los años he comprendido que es ésta, y no otra, la verdadera causa del retraso en que salgan las notas. Del mismo modo que cada uno ya sabe por experiencia propia, que es ésta y no otra, la verdadera causa de los suspensos. En este momento hay hordas de estudiantes y profesores con el antigrasa en una mano y la bayeta en la otra, poseídos por un frenesí higienista impropio de personas cabales.

Así que, si en este momento estás esperando que salgan tus notas... anda y coge la bayeta que tienes los manguitos de los grifos fatal del calamar. ¡Y compra destornilladores en condiciones de una vez! ¡Por Dios!

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